1. Puesto que las palabras son abstractas, no
se concretan en el espacio ni en la experiencia sensorial material y directa,
este intento por entender el significado arquitectónico mediante el lenguaje
escrito corre el riesgo de desaparecer.
Se podría apuntar a un espacio interior imposible, inaccesible a través del
lenguaje; no obstante, las palabras no pueden sustituir la auténtica
experiencia física y sensorial. El intento de transmitir una conciencia
fortalecida es, en palabras de Rainer Maria Rilke, “una cuestión de pasar a ser
tan plenamente conscientes de nuestra existencia como sea posible”.
2. Nuestra experiencia y nuestra sensibilidad
pueden evolucionar mediante el análisis reflexivo y silencioso. Para abrirnos a
la percepción debemos trascender la urgencia mundana de las “cosas que hay que
hacer”. Debemos intentar acceder a esa vida interior que revela la
intensidad luminosa del mundo. Solo por
medio de la soledad podemos empezar a adentrarnos en el secreto que nos rodea.
Una conciencia de nuestra existencia única y propia en el espacio resulta
crucial en el desarrollo de una conciencia de la percepción.
3. La arquitectura tiene el poder de inspirar
y transformar nuestra existencia del día a día. El acto cotidiano de
agarrar el pomo de una puerta y abrirla hacia una estancia bañada por la luz
puede convertirse en un acto profundo si lo experimentamos con una conciencia
sensibilizada. Ver y sentir estas
cualidades físicas significa devenir el sujeto de los sentidos.
4. Según
Franz Brentano, los fenómenos físicos captan nuestra “percepción exterior”,
mientras que los fenómenos mentales conciernen a nuestra “percepción interior”.
Los fenómenos mentales tienen una existencia real e intencional. Desde un punto
de vista empírico, un edificio podría satisfacernos como una entidad puramente
físicoespacial, pero desde el punto de vista intelectual y espiritual
necesitamos entender las motivaciones que encierra. Esta dualidad de intención
y de fenómenos es similar a la interacción que existe entre lo objetivo y lo
subjetivo o, dicho de un modo más sencillo, entre el pensamiento y el
sentimiento. El desafío de la
arquitectura consiste en estimular tanto la percepción interior como la
exterior, en realzar la experiencia fenoménica mientras, simultáneamente, se
expresa el significado, y desarrollar esta dualidad en respuesta a las
particularidades del lugar y de la circunstancia.
5. Para
entender la interacción entre los fenómenos experienciales y su propósito,
diseccionamos el todo y analizamos nuestras percepciones parciales. En el
estudio que sigue, los proyectos no se muestran como totalidades, sino como
fragmentos organizados por temas según fenómenos diversos. Al igual que en la
experiencia perceptiva directa, la
arquitectura se entiende inicialmente como una serie de experiencias parciales
más que como una totalidad.
6. Dentro
del continuum experiencial del espacio enmarañado captamos objetos y campos
definidos como un “todo”. No obstante, nuestra
experiencia de una ciudad solo puede ser en perspectiva, fragmentada e
incompleta. Al contrario que una imagen estática, esta experiencia consta
de vistas parciales a través de escenarios urbanos que ofrecen un tipo
diferente de participación o estudio que la vista de pájaro, que es la que
habitualmente utilizan los arquitectos y los urbanistas. (El espacio en
perspectiva: percepción incompleta)
7. Las
variaciones en la capacidad de reflexión de las superficies brillantes y mates,
las diferencias entre colores opacos y transparentes y las propiedades únicas
de los colores reflejados y los proyectados empiezan a apuntar a un enorme
campo de acción dentro de la fenomenología del color: fuerzas cuyo impacto en la experiencia del color operan según la luz
disponible, así como propiedades adicionales variables. De hecho, la
indeterminación podría ser la condición central del color.
8. En
una metrópoli horizontal como Los Ángeles o Phoenix, la extensión de las luces
que definen la ciudad al aproximarse por aire por la noche proporciona una
nueva sensación del espacio y la forma de la ciudad. Dar forma a esta luz es
dar nuevas dimensiones a la experiencia urbana. Una obra de arquitectura en su espacio urbano puede tener una presencia
completamente distinta durante el día y durante la noche, sin que ello afecte a
su importancia, a medida que el “objeto” autónomo reclama una presencia mayor y
menos contenida. Especialmente en latitudes septentrionales, donde solo hay
unas pocas horas de luz solar en invierno, puede ocurrir que algunos edificios
públicos concentren una actividad mayor cuando ya ha oscurecido.
9. Nuestro
concepto moderno de tiempo se basa en un modelo lineal, quizá disyuntivo. El
problema de la fragmentación temporal de la vida moderna y los efectos
destructivos de los niveles crecientes de saturación mediática que provocan el
estrés y la ansiedad podrían contrarrestarse en parte por la distensión del
tiempo en la percepción del espacio arquitectónico. La experiencia física y perceptiva de la arquitectura no resulta en
esparcimiento o dispersión, sino en una concentración de energía. Este “tiempo
vivido” físicamente experimentado se mide en la memoria y en el espíritu y
contrasta con el desmembramiento de los mensajes fragmentados de los medios de
comunicación.
10. Las
anteriores “zonas fenoménicas” operan como una multitud de partes, planteando
la cuestión de un todo que sea más sustancial que cualquiera de sus
componentes. En arquitectura todo reto
es único, tiene un lugar determinado y una circunstancia, o programa; para
fusionar el lugar, la circunstancia y la multiplicidad de fenómenos, cada
proyecto requiere una idea organizadora, un concepto conductor. La unidad
del todo surge a partir del hilo que discurre a través de la variedad de las
partes, bien sea mediante una idea aislada o la interrelación de diversos
conceptos.
Tal como se puede apreciar en
cada uno de los párrafos adjuntos en el comienzo, y enumerados en el orden
correspondiente según se va desarrollando el texto, he destacado las frases que
más me han llamado la atención de la lectura realizada del libro de Steven
Holl: "Cuestiones de Percepción, fenomenología de la Arquitectura".
En el primer párrafo se puede
apreciar, y más bien, desde mi punto de vista, que nos intentan dar a conocer
que, muchas veces no todo se puede limitar a un concepto o frase. Por qué digo
concepto, porque la arquitectura, tal como dice el texto, no sólo es una
experiencia física y sensorial, sino que es algo mucho más que eso, y ésta
dependerá de cómo la viva cada individuo, haciendo referencia a todos los
factores que repercuten en él/ella. En las frases destacadas con negrita del
primer párrafo, para ser más clara en mi explicación, el hecho de que el
lenguaje no sea capaz de describir un espacio en sí, es porque no hay palabras
que puedan hacer que una persona viva la experiencia de la misma manera, tal
como sucede cuando queremos expresar algo que sentimos, y al reproducirlas con
palabras, el sentido muchas veces suele perderse, o bien, la interpretación que
se le da a éstas es erróneo.
Ahora bien es necesario mencionar
que cada experiencia vivida por un individuo será distinta, y se verá
influenciada por factores sociales, culturales, entre otros, en los cuales se
encuentre inmerso el sujeto. Aún así, vale mencionar que en el segundo párrafo,
además de lo ya dicho anteriormente, el hecho de analizar las experiencias que
vivimos de una forma más solitaria no abre la posibilidad de ver y comprender
cada uno de los detalles que conforman el espacio a percibir. Vale mencionar de
igual manera que, estar físicamente en el espacio, en comparación a verlo
mediante una fotografía o cualquier otro medio representativo, no es lo mismo,
ya que los puntos de vista no son lo mismo, y lo enriquecedor de la experiencia
física, es que se puede percibir con cada uno de nuestros sentidos el conjunto
que conforma el espacio.
Si bien la arquitectura tiene el
poder de inspirar y transformar nuestra existencia día a día, es necesario
saber qué tanta importancia le otorgamos a ello, puesto que muchas veces, como
individuos nos vemos consumidos por la rutina y otra serie de cosas que nos
quitan la posibilidad de disfrutar y mirar realmente nuestro alrededor, todo
aquello que nos rodea, y que ha sido diseñado con un objetivo y significado tal
que permita que nuestras vidas y momentos de ella sean especiales en toda su
esencia.
Vale mencionar que hoy en día,
por lo que me he dedicado a observar cuando recorro la ciudad, es que, todos
aquellos edificios nuevos, o en construcción, tienen un patrón similar, y yo me
pregunto dónde está la originalidad y
innovación en ellos, porque pareciera ser que aquellas características pasaron
a segundo plano, y ahora sólo se toma en cuenta el factor económico que éste en
un futuro dará. La experiencia que se les debería dar a los compradores no
satisface las características y esencia que tiene que tener un espacio en sí.
Hoy por hoy, pareciera ser que sólo se busca optimizar los presupuestos, con
tal de aumentar las ganancias.
Cuando se dice que la presencia
de un espacio urbano es completamente de distinta de día que durante la noche,
me llama realmente la atención puesto que considero que es una frase realmente
cierta, si bien el espacio en sí no deja de ser lo que es, el tiempo u horario en que se vive la
experiencia, determinará la manera en cómo se concentre la importancia de lo
acontecido. Todas las características y factores tomados en cuenta la llevar a
cabo dicho espacio se verán influenciados por la luz, o ausencia de ésta
(día/noche), además de otros factores tal como el clima, etc. Aún así, como ya
lo mencioné anteriormente, el espacio no dejará será más ni menos, ni dejará de
ser lo que es por los factores externos, ya que al fin y al cabo, todo dependerá
de cada individuo y la experiencia que cada uno de estos tenga, y ante ello no
hay más que se pueda hacer.











